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En la nebulosa ciudad de las muñecas cautivas – Cero

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Por más extraño que parezca, ellas tres son mucho más misteriosas y herméticas que la misteriosa y semiilusoria ciudad en la que viven. Nadie sabe, por cierto, si algún día ellas estuvieron a punto de ahogarse en un mar hecho con lágrimas de mariposa, o quién sabe si en esos místicos y secretos balbuceos de vida que se refugian en las flores de invierno. Lo único que se sabe de ellas, o por lo menos lo único que te puedo añadir sobre el limitado conocimiento que tú tienes sobre ellas, mi querido y muy estimado amigo, es que ellas tres aman profunda, intensa y vigorosamente la excelsa y arrobadora idea de las caricias. Y cómo no. Cómo no van ellas a adorar la idea de las caricias más que cualquier otra cosa en este mundo, si ellas creen que las caricias son como una danza, una danza realmente única, que se hace alrededor de una fogata de pasión, y a ellas, sabes, además de la idea de las caricias, también les encanta y les fascina muchísimo la idea de la danza. Es más, para ellas la vida entera es una danza. Una danza que bien puede llegar a hablar con una lengua capaz de calcinar los frutos más intensos y prohibidos del paraíso. Una danza que bien puede llegar a hablar con una lengua fulgurante y alucinada capaz de provocar hendiduras en la mirada misma de la vida.

 

¿Sabes?, después de pensarlo con sumo cuidado, he decidido que voy a ayudarte. He decidido que voy a ayudarte a soportar el polvo que desprenden las epilépticas y nostálgicas nervaduras de esta historia. Sí, voy a ayudarte con las llamas inusitadamente crepitantes que desprenden los intersticios de todo lo que viviste tú y tus dos amigos en aquella extraña y misteriosa ciudad que nunca olvidarás y a la que nunca debiste haber ido. Voy a ayudarte, desde este mismo momento, a soportar el peso de una errante canción de lujuria, aquel peso insospechado del perfume de todas y cada una de las reverberaciones del delirio y el del eco sublime de las distintas voces de un olvido eternamente inconsumado. Por ahora, sin embargo, mi forma de ayudarte se limita a decirte que debes ser fuerte. No, no debes dar espacio a ningún tipo de nostalgia o de tristeza que intente deshilvanar los hilos tensos de tu corazón. No debes dejar que tu alma se calcine con su propio fuego bajo la esencia del eterno convalecer de la memoria de las horas. Que no te haga querer suicidar el llanto desconsolado de una estrella ni las lágrimas frías y desaprehensivas de una luna atardecida.

 

Por otro lado, es muy seguro que en las próximas líneas tú presentarás esta historia a tu manera (de hecho, eso es algo que yo podría jurar), de modo que antes de ello, yo me adelantaré para presentarla de mi propia forma. La presentaré como la historia de un desenfrenado vaivén de tentaciones, como la historia de tu alma y del alma de tus dos amigos, como la historia de una ciudad fuera de lo común y de cinco bellas y singulares mujeres ligeramente impregnadas de evanescencia.

 

 

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La superación de la psicología esencialista y la poesía colombiana contemporánea

 

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“No vemos la realidad sino al pintor que la pinta”, dice uno de los versos del poeta Julio César Goyes Narvaes, un buen ejemplo para hablar del hecho de que hoy día la realidad ha perdido sentido como algo último y esencial y, más bien, se considera que es construida, en gran parte, a través de los tejemanejes y los juegos del lenguaje. En torno a lo que a ello atañe, cabe agregar que el derrumbe simbólico de las grandes categorías metafísicas que en antaño sustentaban la realidad social, hace parte de una época en la cual han caído, según afirman autores como Jean-François Lyotard (1979), los grandes metarrelatos que pretendían brindar una explicación totalizadora de cuanto fenómeno ha rodeado desde tiempos inmemorables a la humanidad. Grandes metarrelatos como la ciencia o la religión. Pues bien, de acuerdo con la teoría nietzscheana, la desvalorización o la perdida de sentido de los valores supremos que ha puesto en entredicho aquellas grandes categorías metafísicas, tal y como lo es la idea de Dios, lleva al complejo camino del nihilismo.

 

De acuerdo con el teórico italiano Massimo Borghesi (2005), vivimos en el tiempo del nihilismo, un tiempo que abre el escenario de lo sagrado post-cristiano a una nueva sacralidad que, más allá de la secularización de los valores sagrados, ve cómo el cielo de nuestra actual “sociedad del vacío” se llena de nuevos dioses. En gran parte, nos dice el autor mencionado, ello se debe a que la nada sobre la que flota nuestra sociedad contemporánea “no es el abismo en el que se hunde, sino el espacio aéreo de su libertad” (Borghesi, 2005, 45). De esa forma, nuestra sociedad se encuentra atravesada por un nuevo politeísmo, un politeísmo, nos dice Borghesi (2005), del yo, de la “identidad” y de la “unidad”, términos cargados de valores que llevan sobre sí una psicología monoteísta. Una psicología de las esencias.

 

La pérdida de sentido, la perdida de valoración de las grandes categorías metafísicas, por tanto, no nos ha arrojado desde este esquema de ideas a una época postmetafísica en toda regla sino que ha traído una nueva clase de sacralidad politeísta basada en los valores fugaces del mercado y en el yo. Y es precisamente ante dicho panorama que la poesía se revela como un terreno en el cual se puede, de cierta forma, por medio del imaginario mismo que conforma, superar la psicología esencialista occidental en pro de nuevas visiones y nuevas epistemes del mundo y de la sociedad. La poesía, en efecto, bien puede llegar a configurar un lugar privilegiado para trasgredir la identidad en pro de la aceptación de lo otro, de lo diferente. En la poesía, de hecho, es posible ser otro, y para la muestra bien podemos citar el siguiente poema de Carlos López Beltrán de su obra Hembras desarboladas y otros hombres fuera de lugar (2009):

 

Hay dos gemelos en el café. / Uno le lee la palma al otro. / Están vestidos muy diferente. / El de etiqueta le dice al de morral / -Nos urge cambiar de vida.

 

Un mes después otra vez, dos/ gemelos en el café. El triste / lee la mano del alegre. / -Nos urge cambiar de vida. / Y así sucesivamente….

 

En sí mismo, el concepto de nihilismo bien puede ser entendido como “la corriente del estudio de la nada, donde los principios de sentido existencial no valen lo suficiente como para interiorizarlos” (Quintero, 2015: 29). De acuerdo con Nietzsche la designificación de los valores que soportan las categorías metafísicas bien puede dar lugar a un nihilismo activo o de total ausencia de valores trascendentes que generen ideologías o las representaciones sociales que las sustentan (Jodelet, 2007), y que no por ello implica la ausencia de motivaciones sino, más bien, la reapertura hacia distintas formas de vivir y pensar. Por otro lado, existe en nihilismo pasivo en el cual los valores trascendentes siguen estando presentes, pero en lugar de derrotarlos, estos toman nuevos disfraces como el que hablamos algunas líneas atrás, consistentes en un politeísmo del yo.

 

No hay duda en torno al hecho de que reconocer lo endeble de la razón occidental se le da bastante bien a la poesía y que, por otra parte, esta representa una forma de ir más allá de la psicología monoteísta dada a los principios supremos y metafísicos. De esa forma, bien podemos traer a colación los siguientes versos de José Zuleta Ortiz de su poemario Las manos de la noche (2009):

 

…la razón oscila / Abraza desvaríos la mañana / tal vez la lluvia escampará en la tarde / tal vez el sol riegue las flores, / al fondo / cantan, / la jaula vacía / una sombra asustada / en el pecho / un corazón toca  la seda.

 

Es posible, como se puede apreciar, hallar la suavidad en el poema trocando la razón, pero, más que nada, el poema es en sí mismo una forma de dar sentido cuando la misma razón falla, de ahí la siguiente cita de Mauricio Contreras Hernández, extraída de su poemario La herida intacta (2005):

 

Se invoca la  poesía en épocas de alarma generalizada frente al desplome de las ficciones que, basadas en el mito de la razón y la verdad, pretenden dar cuenta, o mejor, tranquilidad a las buenas conciencias (recordemos la vieja ilusión: lo bello es bueno, verdadero, útil) sobre lo más inaprehensible, lo más voluble, lo más contradictorio de la naturaleza: la condición humana.

 

En la cita anterior no solo se vislumbra la poesía como una entidad propia más allá de las ideas de razón y verdad, si no que podemos encontrar, de igual forma, una crítica a varios supuestos metafísicos occidentales tales como lo bello o lo útil. De acuerdo con Borghesi (2005), la desmitificación tanto de lo sagrado como de las pretensiones salvadoras del logos, “y la valorización del corazón humano, no pagano ni helénico, son dos movimientos del mismo proceso” (p, 128). De forma tal que si vamos a hablar de poesía colombiana postmetafísica más allá de los terrenos más estrictos que corresponden al lenguaje, lo primero que hay que hay que advertir, es que, en cierta forma, la poesía contemporánea presenta cierto avance respecto al pasado en cuanto que hoy por hoy están viendo a la luz antologías de poesía indígena así como de poesía afrocolombiana (como ejemplo, bien podemos mencionar las obras que conforman la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia, editadas por el Ministerio de Cultura). Si bien es cierto que falta trabajo institucional para que dicha poesía cale un poco más en la sociedad, de cualquier forma los pequeños avances que se han visto en los últimos años han abierto las puertas, en efecto, a esa otredad que trae consigo nuevas epistemes y formas de contemplar el cosmos y la realidad en general. Así, por ejemplo, bien podemos traer a colación los siguientes versos del poeta indígena Humberto Ak’abal:

 

La vida de las montañas / está en la voz de sus pájaros.

 

La voz de los pueblos / son sus cantores: / un pueblo mudo / es un pueblo muerto.

 

Poner en dudar la categoría metafísica de Dios es una tarea que a Mery Yolanda Sánchez se le da bastante bien. En el siguiente poema que se citará, la imposibilidad de renunciar a la idea de Dios se asocia a la idea de sepultura, una forma de decir que tener en mente el pensar teo-cristaiano nos acera a los linderos de la muerte:

 

Fuiste ahogándote en la ventana de asombros. No te cabían los dolores de la culpa. El primer ensayo para olvidar a Dios no funcionó y seguiste de rodillas frente a tu propia sepultura. En tus doce de la noche alguien eructaba las ciudades del terror.

 

Dentro de los esquemas de pensamiento occidentales la muerte en cierta forma es el fin de un ciclo, y si el tiempo se asocia a lo sagrado, bien se puede aseverar que la imposición de límites temporales sume a la subjetividad en una psicología esencialista. Tanto así, que no hacer parte de dicha psicología te saca del ciclo mencionado, como bien afirman los siguientes versos del poeta Rodolfo García en su poemario Sesiones de soul (2008): “resbalar del techo de Dios, mientras el tiempo oxida ciertas circunstancias”.

 

El poema que escapa a la psicología esencialista debe escapar, así visto, a la noción de tiempo instaurada por la sociedad industrial, un tiempo que, de acuerdo con Andrea Delfino (2011), en su concepción occidental de índole lineal, homogénea, continua, abstracta y divorciada de los ritmos naturales, instaura una noción determinada de la vida. El poema, por tanto, adquiere una inmensa capacidad para reinventar la vida, para sugerir incluyo dicha reinvención, como en los siguientes versos de Felipe Donoso Suarez, perteneciente al poema ganador del concurso Eduardo Carranza en su versión del año 2003.

 

Del único color que queda de la sombra / Del único aliento que la sed no borró / Tendremos que inventar la vida.

 

Hay que decir que la superación de la psicología esencialista que aboga por un nihilismo activo que hunda sus raíces en la aceptación de la otredad, también reconoce la importancia no solo de otras visiones sino de otras formas de hacer y de actuar. Un sencillo ejemplo de ello lo podeos encontrar en la siguiente cita de la obra Lecciones de fagot (2004) de Fernando Linero, donde se compara el arte  de la escritura con la forma en la cual se elabora pan:

 

Lo mío es tan importante como lo del panadero que tiene el sagrado compromiso de elaborar el primer alimento del día. Lo que yo produzco es tan real, tan nutricio como un pan. Lo del panadero es tan importante como lo mío. Hacer pan no es menos misterioso que hacer un poema. Cada día tiene para su pan de cada día una fórmula distinta que el panadero debe descubrir en el color del alba.

 

Para finalizar, cabe decir que la superación de la psicología esencialista que hoy día se fundamenta en el politeísmo del yo y en la sacralidad del mercado, bien puede llevar a superar, como en su momento sostuvo Eric Fromm (1978), la psicología de la posesión. Por otra parte, si bien es cierto que el hecho de que ciertos elementos sacros conserven cierta importancia social, no implica necesariamente que se niegue la otredad o que el ser se incline siempre hacia la posesión, de cualquier forma debemos aceptar que vivimos en un país donde las matrices conservadoras tienden a radicalizar muy a menudo ciertas formas de pensar para posibilitar la existencia de una doble moral que niega, a su vez, la importancia de lo otro, un asunto que daría para un nuevo ensayo bastante extenso sobre el tema. Lo importante, es considerar que la superación de la psicología de la mera posesión y sus elementos sacros en el mercado, bien podría llevar a unirnos más como personas y como seres pertenecientes a una misma familia humana. Y según la valoración que puedo hace en este momento de la poesía colombiana contemporánea, esta se inclina favorablemente hacia un estado de cosas tal, hacia una apertura que reconozca otras epistemes y otras visiones. Sin decir, claro, que el propósito del poema sea ese, ya que el propósito del poema es principalmente ser el mismo, o al menos ello podemos deducir cuando un poeta como Juan Manuel Roca afirma: “…La palabra sin destino / rondando el poema”. La psicología del tener, por tanto, bien puede ser superada por una psicología del ser. Una psicología de lo intercultural, una psicología de los humanos. Tal y como sostiene Erich Fromm:

 

En el modo de ser, la posesión privada (la propiedad privada) tiene poca importancia efectiva, porque yo no necesito poseer algo para gozarlo, y ni siquiera para usarlo. En el modo de ser, muchas personas (de hecho millones) pueden compartir el gozo del mismo objeto, ya que nadie necesita (o desea) tenerlo como condición para gozarlo (Fromm, 1976, 129).

 

Bibliografía:

 

Borghesi, M. (2007). Secularización y nihilismo. Cristianismo y cultura contemporánea. (M. Oriol, Trad). Madrid: Ediciones Encuentro S A.

Delfino, A. (2011). Las transformaciones en el mundo del trabajo desde la óptica temporal. Un tiempo con nuevos tiempos. Revista colombiana de sociología. Vol 34, n1.

Fromm, E. 81976). ¿Tener o ser? México: Fondo de cultura económica.

Jodelet, D. (2007). Imbricações entre representações sociais e intervenção. En A. S. P. Moreira & B. V. Camargo (Eds.), Contribuições para a teoria e o método de estudo das representações

Lyotard, Jean-François (1979). La condition postmoderne: rapport sur le savoir. Paris: Minuit.

Quintero Bocanegra, L. E. (2015). Nihilismo existencial organizacional frente a las utopías ambientales (negación al valor del visionar). Saber, ciencia y libertad. Vol. 10, No.2.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

In the Misty City of Captive Dolls – Zero

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Strange as it may seem, those three women are far more mysterious and hermetic than the puzzling and semi-illusory city where they live. Nobody knows, by the way, if one day they were about to drown in a sea made with butterfly tears, or who knows if in those mystical secret life’s babblings that take shelter in the flowers of winter. The only thing that’s known about them, or at least all I can add about the limited knowledge you have about them, my dear and highly revered friend, is that they profoundly, intensely and vigorously love the outstanding exquisite idea of fondling. Indeed! How wouldn’t those three women cherish the idea of stroking more than anything else in this world, if they believe them to be like a truly unique dance which is performed around a most passionate furnace? They also love and are outright fascinated by the idea of dance, which portrays life itself in their eyes, being able to speak with a tongue which can raze the forbidden fruits from heaven and which could well get to the point of talking with a fiery hallucinated tongue capable of piercing life’s very own glance.

You know what? After thoroughly thinking about it, I’ve decided to help you putting up with the grime coming off from epileptic nostalgic cogs of this story. I’ll assist you with the incongruously crackling flames spawning the interstices of everything you and your two friends went through in that strange mysterious city you’ll never forget. I’ll lend you a hand, starting right now, in supporting the weight of a roving song of luxury and the perfume of each and every one of the reverberations of delusion and the echo of the various voices of a perpetually unconsummated oblivion. At the moment, however, my way of aiding is limited to telling you to be strong. No, don’t give any space to any kind of nostalgia or destructive sadness. You ought not to let your soul be smouldered by its own fire. Keep tears from a star or a coldly deferred moon from leaving you with nothing to live for.

It is quite certain, on the other hand, that in the upcoming lines you’ll present the story in your own way (in fact, that’s something I could swear to), so before that, I’ll step in and submit my perspective as the tale of a relentless flux of temptations, as the chronicle of your soul and that of your friends, an unconventional city and five beautiful unique women slightly impregnated of evanescence.

(Miguel Ángel Guerrero Ramos).

 

 

 

 

 

 

El querer marchar como una de las emociones más básicas del corazón: (Santiago Gamboa, Laura Restrepo y Juan Gabriel Vásquez)

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El querer marchar como una de las emociones más básicas del corazón: novelas colombianas que de una u otra forma hablan de la emoción de ir y volver (Santiago Gamboa, Laura Restrepo y Juan Gabriel Vásquez)

 

Desde mi particular perspectiva de las cosas, creo que dos de los principales y más interesantes fenómenos sociales del mundo de contemporáneo son, en primer lugar, uno que atañe a nuestra psicología narcisista y que se puede resumir muy fácilmente en la máxima epocal de “muéstrate a ti mismo”, y, en segundo lugar, los procesos migratorios que complejizan un gran número de relaciones sociales y cuestionan las mismas leyes migratorias.

 

Partiendo de allí, en este ensayo hablaré de algunas cuantas novelas colombianas que me han cautivado no solo por su hondura emocional sino porque en ellas intervienen procesos migratorios o trasnacionales. Eso sí, tengamos en cuenta, con el fin de aclarar algunos conceptos, que al hablar de dimensión transnacional, estoy haciendo referencia a una dimensión en la que intervienen procesos migratorios de un Estado a otro, bueno, eso principalmente. Aunque, para quienes gustan del rígido sabor de las definiciones un poco más depuradas, podemos decir, de acuerdo con la definición de transnacionalismo que Luis Eduardo Guarnizo nos da en su artículo “Colombia: Migraciones, transnacionalismo y desplazamiento”, lo siguiente.

 

Transnacionalismo: un proceso dinámico de construcción y reconstrucción de redes sociales que estructuran la movilidad espacial y la vida laboral, social, cultural y política tanto de la población migrante como de familiares, amigos y comunidades en los países de origen y destino, o destinos (Guarnizo: 2008, p. 81).

 

Pues bien, partiendo de esta definición, pretendo dar cuenta brevemente de algunas obras relevantes de la literatura colombiana de los últimos años que abordan el tema de la migración humana desde uno u otro punto de vista. Quizás no sean todas las obras que hablen sobre el tema per creo que puedo brindar una buena selección. Por otra parte, para los fines del presente texto, también hay que tener en cuenta que la definición de Guarnizo acerca de lo transnacional que acabamos de ver, no solo hace referencia a los procesos y prácticas económicas, políticas y socioculturales configurados por las lógicas de más de un estado-nación, sino a las poblaciones de esos estados, y “al cruce constante de fronteras físicas y simbólicas” (Lozana Caro: 2008, p. 19).

De esta forma, tenemos algunas de las más importantes novelas colombianas que han tratado aspectos transnacionales durante los últimos años, son las siguientes:

 

El síndrome de Ulises de Santiago Gamboa: El síndrome de Ulises, finalista del premio Médicis en 2007, y publicada por Seix Barral en 2005, es una novela que tiene como temática y foco principal la inmigración, a diferencia de otras obras con cruces  transnacionales como Demasiados héroes o de Los informantes (novelas de las que ya hablaremos más adelante). Por tanto, esta es una novela en la cual el autor teje, esboza y muestra en detalle una gran cantidad de dichos elementos transnacionales. El síndrome de Ulises es una novela que trata sobre la turbulenta, dura y caótica vida de varios inmigrantes con muy pocas oportunidades de empleo en la París de los años noventa. Su nombre hace alusión a un trastorno psicológico de los migrantes que consiste en una profunda sensación de pérdida que una persona experimenta al abandonar su país de origen y a muchos de sus seres queridos, así como al hecho de que dicho migrante cambie de lengua y costumbres (Villamizar: El síndrome del ilegal). El nombre dado al síndrome hace alusión al héroe griego Ulises, protagonista de La Odisea, por la gran cantidad de peripecias que él padece durante los largos años que se encuentra lejos de su patria Ítaca y de su amada esposa Penélope.

 

En su reseña sobre El síndrome de Ulises, Sergio Villamizar, nos dice que “el doctor Joseba Achotegui, psiquiatra de la Universidad de Barcelona, define a este síndrome como “una situación de estrés límite, con cuatro factores vinculantes: soledad, al no poder traer a su familia; sentimiento interno de fracaso, al no tener posibilidad de acceder al mercado laboral; sentimiento de miedo, por estar muchas veces vinculados a mafias; y sentimiento de lucha por sobrevivir”. Sergio Villamizar nos dice que, según el experto Joseba Achotegui, los síntomas del síndrome de Ulises se pueden clasificar en depresivos (tristeza y llanto), pensamientos de muerte, irritabilidad, problemas somáticos (cefaleas y fatiga) o síntomas confusionales (como pérdida de memoria).

 

 

En el síndrome de Ulises, del escritor Santiago Gamboa, se codean en el día a día  varios colombianos, chinos y personas de otras nacionalidades (generalmente asiáticos y latinoamericanos) que tratan de sobrevivir con lo poco o con lo mucho en la ciudad de París. Todos ellos, para tratar de sobrevivir, crean todo tipo de redes sociales transnacionales. El protagonista de la novela, por ejemplo, cuando se halla sin un lugar en dónde vivir, recurre a otros colombianos que son amigos de muchos años atrás de su familia. Al hacer aquello, es decir, al ir a pedirles a aquella familia de colombianos un pequeño espacio para quedarse, el personaje principal habla acerca de que en los edificios o en los barrios de inmigrantes, siempre llegan otros inmigrantes a pedir posada, y así es como poco a poco se van armando grandes conglomerados de población migrante.

 

De igual forma, el principal modo de vivir cierta transnacionalidad a lo largo de las líneas de esta novela, por parte de los inmigrantes que residen en París, es acoplarse a otras personas inmigrantes, sin importar de dónde sean, para experimentar y sobrellevar junto a ellas las decadencias de los bajos suburbios de población migrante, o aquellas desenfrenadas escapatorias de índole dionisiaca como lo son las drogas y el sexo[1].

 

Respecto al El síndrome de Ulises (muy probablemente la más importante de todas las novelas colombianas sobre el tema de la inmigración), hay que decir que su autor, Santiago Gamboa, escritor bogotano nacido en 1965, muy conocido por su novela Perder es cuestión de método, la cual fue llevada al cine por Sergio Cabrera, y por ganar en el 2009 el V Premio de novela La Otra Orilla de editorial Norma con su novela Necrópolis, vivió como migrante legal en la París de los años noventa. Una experiencia que, según él, fue bastante dura y en cierta medida traumática (El síndrome del ilegal).

 

Acerca de la idea de nación que se muestra en esta novela, hay que decir que es una idea intangible, esencialista y naturalizada, que es construida, sostenida e impuesta al ser humano como propia de él, mediante un discurso bien estructurado, tal y como lo hacen la gran mayoría de las grandes ideas humanas. Al respecto, y para poner un ejemplo, Gamboa dice lo siguiente: “Nosotros acá somos colombianos, pero realmente no nos damos cuenta de ello. La comparación puede sonar cruel pero es real: es como si una persona sana va a un pabellón de enfermos de sida y todos viven normalmente, la vida es igual para todos, pero la diferencia es que uno no tiene sida y los demás sí”.

 

Por último, cabe destacar que para Santiago Gamboa, en el mundo de hoy, el inmigrante es el equivalente al héroe clásico (El País: 2005), y que en El síndrome de Ulises, Ulises no es ya el hombre aventurero de la ciudad que describe Joyce, sino el ser humano que trata de tocar las puertas de los países desarrollados, valiéndose muchas veces, como única moneda de cambio, de su sexualidad (El País: 2005).

 

Los informantes de Juan Gabriel Vásquez: Los informantes, Finalista del Independent Foreign Fiction Prize en Reino Unido, que es un premio literario a novelas traducidas, es una novela que a diferencia de El síndrome de Ulises, no tiene como tema central la inmigración. Podría decirse, en su lugar, que sus temas principales son la memoria, la familia y la traición. No obstante, dicha novela se halla contextualizada en gran parte en la postura que los gobiernos de Eduardo Santos y López Pumarejo en Colombia asumieron ante la ll Guerra Mundial, y las repercusiones que dicha postura tuvo para muchos de los personajes de la novela, muchos de los cuales, eran inmigrantes europeos.

 

Entre los inmigrantes europeos que sobresalen en Los informantes, se encuentra Sara Guterman, hija de una familia de judíos alemanes que llegaron a Colombia en la década de 1930. De acuerdo con la historia de la novela, aquella, por ser una familia judía, no tuvo que afrontar los problemas que los demás inmigrantes de Alemania, Italia y Japón tuvieron que afrontar por su condición de ser ciudadanos de los países de “El eje”, es decir, por ser uno de los ciudadanos del lado enemigo, puesto que la postura de Colombia ante la ll Guerra Mundial fue la de aliarse al gobierno de Roosevelt y, por tanto, a los países aliados.

 

Ahora bien, algunos de los problemas que, en Los informantes, tuvieron que afrontar los inmigrantes alemanes no judíos, por ejemplo, fueron los siguientes: el gobierno colombiano le prohibió a todos los ciudadanos nacionales hacer negocios con ciudadanos de Alemania, Italia o Japón, por lo que muchos alemanes se vieron repentinamente en la quiebra. Por otra parte, el gobierno colombiano de la época también ordenó arrestar a muchas personas de “nacionalidades enemigas” por considerarlos espías o por ir en contra de los intereses de los aliados, aun cuando fuera en lo más mínimo.

 

Estas medidas tomadas por Colombia, y otros países de la región, durante la ll Guerra Mundial, fueron unas medidas destinadas a cortar tajantemente con las dimensiones transnacionales de los ciudadanos alemanes, italianos y europeos. Una situación que generó en muchos de ellos todo tipo de desajuste de valores (o de anomia en términos durkhenianos), que llevó incluso al suicidio de muchas de esas personas.

 

Cabe destacar que en esta novela aparecen familias alemanas cuyos padres tratan de mantener a toda costa dentro de su hogar sus valores nacionales, como por ejemplo su idioma, pero que los hijos, muchas veces, no están dispuestos a aceptar.

 

Demasiados héroes de Laura Restrepo: Acerca de la novela Demasiados héroes de Laura Restrepo, lo primero que se debe decir en todo análisis de estructura narrativa, es que esta es una novela histórica metaficcional (al igual que Los informantes) en cuanto se vale de un hecho presente para indagar en un contexto pasado de gran importancia para la nación de Argentina, tal y como lo fue su dictadura militar. Dicho hecho presente en el cual se basa la autora para indagar en el pasado desde una perspectiva actual, son las ansias de Mateo (uno de los personajes principales de la novela) por querer saber de boca de su madre (llamada Lorenza en la novela) cómo era exactamente su padre y cómo era la relación que él tenía con ella en la Argentina de la dictadura de los generales Videla, Viola y Galtieri.

 

Ahora bien, mientras Lorenza le va narrando a su hijo sus viejas peripecias con Ramón, que es el padre de Mateo o de Kiddo, como Lorenza le dice cariñosamente a su hijo, ella le va narrando al impaciente muchacho muchos elementos transnacionales. Entre dichos elementos, se destacan los siguientes:

 

  1. El viaje de Lorenza y su hijo Mateo, de Colombia a Argentina, para que él pueda conocer a su padre. Una vez en Argentina, ellos se instalan en la habitación de un lujoso hotel de Buenos Aires. Un hotel que no les permite vivir la verdadera Argentina, al menos a Mateo, hasta que él se permite salir junto a su madre para conocer el país.

 

  1. La historia que Lorenza le cuenta a su hijo acerca de los años que ella vivió junto a Ramón luego de que se terminara la dictadura, y ella y él viajaron a Colombia. Una vez la pareja llegó a Colombia, el amor de ambos y su relación sentimental en general, cambió del cielo a la tierra. Ramón, por múltiples razones, no se sentía a gusto. En lugar de ello, sentía que Lorenza se alejaba más y más de él, y él se sentía como un náufrago que llega a una cultura ajena.

 

  1. Durante su estadía en Argentina, le cuenta Lorenza a su hijo, que ella tuvo que aprender muchas cosas de la cultura argentina mientras se alejaba de otras cosas de su cultura colombiana. En cierta ocasión ella tuvo que encontrarse, por ejemplo, con una pareja de bogotanos que estaban a favor de la dictadura. Ella, que junto a Ramón hacían parte de una “resistencia pacífica y silenciosa”, tuvo que disimular su repudio por la dictadura argentina para que dicha pareja no fuera a decirle luego a su familia en Colombia, que ella andaba metida en cuestiones bastante peligrosas.

 

Aquellos, son apenas tres elementos generales, entre algunos otros, que en Demasiados héroes engloban muchos aspectos del vivir y el desenvolvimiento transnacional. Ahora bien, hay que tener en cuenta que hablar de literatura de viajes, no es lo mismo que hablar de novelas y de obras en donde se puede apreciar a profundidad el tema de la migración y los procesos transnacionales, aunque ambas literaturas tengan bastantes puntos en común. En una novela corta como Olor a rosas invisibles de Laura Restrepo, por ejemplo, se mencionan algunos cuantos viajes de un Estado a otro, sin que por ello se muestre ningún proceso transnacional en cuanto tal. La novela, en efecto, menciona viajes al Cairo y a Miami, pero con un interés puramente emocional y anecdótico.

 

Ahora bien, una novela como La multitud errante, también de Laura Restrepo, tiene la peculiaridad de que no nos muestra ningún viaje entre Estados a lo largo de la historia, sin embargo, esta es una novela que tiene como tema principal la migración humana y el desplazamiento forzado. En palabras de Laura Restrepo, la migración es “el gran tema de nuestros días, que son días en donde la humanidad está en el camino; el migrante es el protagonista y la posibilidad de quien lo reciba le abra la puerta”, de ahí que una obra como La multitud errante, en cuya historia aparece un desplazado (Sieteportres) que se enamora de una extranjera que viene a ofrecer ayuda humanitaria a Colombia (Ojos de agua), hable y reflexione constantemente sobre el tema de la migración.

 

 

Acerca de otros cambios en la literatura colombiana, al momento de hablar de su novela Demasiado héroes, Laura Restrepo es muy dada a decir que, en literatura, “los tiempos de hablar solo de amor o solo de política pasaron. En América Latina hubo como una andanada de novelas políticas, y me cuento entre quienes las hicimos, en las que de alguna manera la política pasaba sola, independientemente de la gente que la encarnaba” (Jornada Unam). De igual forma, Laura Restrepo ha llegado a decir en conferencias, como la del 1 de septiembre de 2009, en el auditorio Virginia Gutiérrez de la Universidad Nacional de Colombia, que una de las razones por las cuales su novela Demasiados héroes se llama así, no es solo por hacer referencia al deseo de uno de los personajes por querer conocer a su papá de carne y hueso y no al héroe portentoso que le describe su madre, sino porque es una novela que recae en lo cotidiano, puesto que el idioma español siempre ha sido muy dado a engrandecer y sobredimensionar con sus adjetivos todas las historias. De esta forma, Laura Restrepo también quiere decirnos que el idioma español tiene demasiados héroes, y que sería bueno abogar por una literatura que se centre más en lo cotidiano sin olvidar los grandes temas trascendentales y sin dejar de experimentar con toda clase de recursos narrativas, tal y como lo hace, por ejemplo, la mexicana Ángeles Mastretta en obras como Maridos.

 

Impávido coloso de Daniel Samper Pizano: Esta es una novela que trata sobre un viaje que distintos periodistas de América Latina realizan a Brasil para comprobar de cerca los increíbles avances económicos y empresariales que allí se están llevando a cabo. Es una novela que muestra cómo se pueden construir lazos transnacionales basados en la camaradería y en las pasiones entre personas de distintas nacionalidades.

 

Otras escritoras: Sin embargo, hay que añadir que las escritoras colombianas actuales tales como Laura Restrepo, Pilar Quintana o Margarita Posada, además de una prosa excepcional y envolvente, comparten aquello que Trinidad Barrera afirma que comparten las actuales escritoras de los distintos países latinoamericanos, es decir, el alejamiento del “peso de una educación católica y una pasividad, impuesta por el orden patriarcal, que se refleja a través de obsesiones o frustraciones, expresadas con frecuencia en una temática próxima a lo fantástico” (2003). En lugar de ello, las escritoras colombianas actuales optan por el realismo, con unas pequeñas excepciones de elementos mágicos o sobrenaturales que podemos encontrar en algunas novelas de Carolina Sanín, o incluso en la novela Dulce compañía de Laura Restrepo.

 

El jardín de las delicias de Guillermo Cardona, El país de la canela de William Ospina y Al final del sueño de Juan Gossaín: El jardín de las delicias, Premio Nacional de Literatura a Novela Inédita 2005 del Ministerio de Cultura de Colombia, es, al igual que Los informantes de Vásquez, una novela histórica. Una novela que habla acerca de lo que sucedió el 9 de abril de 1948 en Bogotá, más exactamente durante los hechos que hoy en día se conocen como El bogotazo. No es una novela que hable sobre la inmigración, pero como veremos más adelante, es una novela que comparte, junto con las novelas colombianas más importantes de los últimos años, el hecho de ser, además de un premio literario, una novela de índole histórica, al igual que Los informantes o El país de la canela de William Ospina, ganadora de la XVI edición del premio Rómulo Gallegos2009, que es uno de los premios literarios más importantes de América Latina, y que trata sobre la llegada de los españoles al Nuevo Mundo.

 

No obstante, y pese a ser una novela histórica, en el jardín de las delicias de Cardona, podemos apreciar algunos elementos migrantes encarnados en la figura de uno de los personajes que es un norteamericano. De igual forma, el choque entre españoles e indígenas durante la llamada “expedición de la canela”, en la novela de William Ospina, es un suceso que nos habla, además de historia, de inmigración española durante un proceso histórico de gran envergadura e importantes matices sociales.

 

Otra novela colombiana de los últimos años que nos presenta ciertos aspectos migrantes y transnacionales, para terminar esta parte del presente artículo, es Al final del sueño, de Juan Gossaín. Una novela que nos presenta la historia de un inmigrante francés que llega a la Costa Atlántica colombiana, bajo un calor infernal y con muchos problemas de adaptación debido a  las diferencias culturales.

 

 

Otras son novelas esencialmente históricas, como las de Juan Esteban Constain (Premio Espartaco a la mejor novela histórica publicada en español 2011).

 

 

 

Consideraciones finales: la novela histórica y transnacional como fuente de cambios y distinciones en la literatura colombiana de la primera década del siglo XXl

 

 

Como se ha podido apreciar hasta este punto, la literatura colombiana de los últimos diez años se diferencia de la literatura de los años noventa por poseer varias novelas que reconstruyen o recrean algún episodio histórico, como en el caso de las novelas: Los informantes, Demasiados héroes, El país de la canela o incluso El ruido de las cosas al caer, ganador del premio Alfaguara del 2011, que hace una pequeña recreación de un evento durante los años cincuenta en el que una avioneta se vino abajo en plena exhibición área pública en Bogotá[2].

 

De esta forma, se podría concluir un poco a la ligera, que los novelistas laureados en Colombia tienen una cierta preferencia por escribir novelas históricas no tanto por emplear temas migratorios o transnacionales[3], sin embargo, esta última clase de novela y de reflexiones está siendo cada vez más recurrente en un país con una tradición literaria especialmente localista, en donde históricamente se han destacado novelas como María de Jorge Isaac. De igual forma, muchos autores como Laura Restrepo y Santiago Gamboa, han empezado a reconocer al sujeto migrante y a otorgarle el status de protagonista de los tiempos que vivimos.

 

Para terminar, cabe acotar que al momento de hablar de su novela La multitud errante, sin perder ese espíritu poético que todo escritor debe tener, y haciendo alusión a lo difuso y complejo que resultan los procesos migratorios, Laura Restrepo se refiere a las migraciones como esos eternos ríos de gente que vienen de ningún lado y se dirigen a ninguna parte (Noroeste: 13-12-2010).

 

 

Bibliografía:

 

  1. Alemany Bay, Carmen (2003), “Muestrario de narradoras hispanoamericanas del siglo XX: mucho ruido y muchas nueces”, Anales de literatura española Universidad de Alicante, Nº 16.
  2. Ardila, Gerardo (editor). (2008). “Lineamientos para la política integral de migraciones. Bogotá: Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, Dirección de Asuntos Consulares y Comunidades Colombianas en el Exterior”, Programa Colombia Nos Une-Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia.
  3. Barrera, Trinidad (2003), “La narrativa femenina: balance de un siglo”, Anales de literatura española, Universidad de Alicante, Nº 16.
  4. Castles, Stephen. (2010) “Comprendiendo la migración global: una perspectiva desde la transformación social” en Revista Relaciones Internacionales No. 14, junio 2010, Madrid: GERI-Universidad Autónoma.
  5. Guarnizo, Luis Eduardo. (2004). “Aspectos económicos del vivir transnacional”. En: Revista Colombia Internacional No. 59: Migraciones y Transnacionalismo. Bogotá: Centro de Estudios Socioculturales – Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
  6. Suárez-Navaz, Liliana, Raquel Macià Pareja y Moreno García, Ángela (editoras).(2007). ”La lucha de los sin papeles y la extensión de la ciudadanía”. Traficantes de sueños. Madrid..
  7. Lozano Caro, Inmaculada. (2008) Guía de género, migraciones y empleo. Dinámicas de adaptación resistencias en los campos de acción transnacional. ACSUR-LAS SEGOVIAS, Madrid, 2008.
  8. Vásquez, Juan Gabriel. 2004. Los informantes. Bogotá: Alfaguara.

 

Páginas web o sitios en Internet:

 

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Gamboa/narra/sindrome/Ulises/peripecias/inmigrantes/Paris/elpepucul/20051111elpepicul_6/Tes

 

http://www.noroeste.com.mx/publicaciones.php?id=644105

 

http://www.jornada.unam.mx/2009/12/03/index.php?section=cultura&article=a03n1cul

 

http://www.flujosmigratorios.org/documentos/Estudios/Sindrome_Ulises/Sergio%20Villamizar.pdf

 

 

 

 

[1] Carmen Alemany bay, nos dice en su artículo Muestrario de narradoras hispanoamericanas del siglo XX: mucho ruido y muchas nueces, que “no son muchas las narradoras colombianas del siglo XX; sin embargo, destacan por su gran calidad en un país el que las referencias narrativas están copadas por los nombres de Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y, más recientemente, Fernando Vallejo. De igual forma ella dice que “las narradoras más sobresalientes de Colombia son Albalucía Ángel (1939), Marvel Moreno (1939-1995) y Fanny Buitrago (1940)” (Alemany: 2003, p. 41-42).

 

 

 

 

 

 

[1] En este sentido que atañe a las drogas, a las fiestas y al sexo, la novela de Santiago Gamboa tiene muchos elementos similares a la novela de Andrés Caicedo: Qué viva la música.

[2] Algunas otras novelas históricas colombianas son la ganadora del premio nacional de novela del Ministerio de Cultura y Turismo del 2004 El eskimal y la mariposa, de Nahúm Montt, la cual se refiere magnicidios de Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro; Líbranos del bien, de Alonso Sánchez Baute, novela del año 2008 en la cual se retrata la vida de “Simón Trinidad” de las Farc y “Jorge 40” de las Auc, e incluso Autogol de Ricardo Silva Romero, la cual recrea una historia ficticia a partir del infortunado autogol que Andrés Escobar anotó en el mundial de fútbol de 1994.

[3] De acuerdo con Ángel Basanta, existen cuatro tipos fundamentales de novela histórica. Cuatro tipos basados en su función, las cuales son las siguientes: “la recreación de lo acaecido en la Historia, la fabulación de sucesos imaginarios a partir de un marco histórico, la proyección del pasado sobre el presente y la explotación de un episodio de antaño como pretexto para especulaciones de orden intelectual y estilístico”. Todos esos tipos de novela histórica, por cierto, los podemos encontrar en las novelas colombianas de la primera década del siglo XXl.

 

 

 

Observing Reality Through Desire (Love Letter 2)

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My dear:

Butterflies take to the air rather agitatedly in this soft perpetual place where I am and which happens to be autumn disguised as spring. The unstoppable and somewhat nostalgic flutter of its wings reminds me I owe you five glasses of Vermouth, two smiles, a wink and one or two nights of pleasure and unequivocal pleasure. It also reminds me, honey, that you owe me several songs by Armando Manzanero, one or two by Ana Gabriel and, above all, dearly beloved, And the Clock Struck Ten by Joaquín Sabina.

 

Those butterflies that for a long time have known the end of this slightly crystallised sky that covers us, also remind me that not long ago we decided to leave our most unnoticed and individual inner deaths in order to fully devote ourselves to this hourglass-shaped love with altered minutes and passionately constant seconds and to these curtains swishing under the cover of our warmest looks. Yes, this love, and these fevered butterflies that surround me, remind me that not long ago I decided to leave, for you, my love, my job as a spy, as a corporate spy. They remind me that not long ago I decided to destroy all the microfilms, data CDs and all the information I’d stored for years and which was worth millions but which neither you nor I wanted to know anything about.

 

Those butterflies that surround me, you know, also remind me of that night in which your eyes confessed to me that your job wasn’t other than being a sweet and pretty Mata Hari. That means your eyes admitted your passionate task was merely seducing me with all the charming devotion of your hair in the breeze, and to be aware of each and every one of my movements. A job, yours that is, remains as constant as always. Of course, I’ve left mine behind and now it’s but covering my thoughts with you each night and woo you with kisses every day. Yes, my days as a spy have been left behind since that subtle and passionate instant of touches which were somewhat transmuted into dreams, when you told me you’d leave everything for me. We have indeed left everything, to the point it doesn’t matter if anyone intercepts this letter which I’m writing to you right now. It doesn’t matter anymore if there are more spies around us, because they’d only learn that we love each other.

 

Last but not least, do not ever, honey, forget that you’re like the flower that perfumes the shades of my horizons, and that I hope you come here soon, to this place where butterflies and domestic curtains move concurrently; to this tropical paradise where I’ve got an excellent house next to the beach, because here, my dearly beloved Nina, we’ll only be spied by the eloquent impetuosity of a breeze that is like our love, that is, a breeze that each morning and evening seeps through the windows and strokes the curtains.

 

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Observing Reality Through Desire (Fragment: Love Letter 2)