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Miguel Ángel Guerrero Ramos: “El respeto es ese recipiente donde los actos de lo cotidiano mejor se amoldan a la vida”

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Puede que suene algo complejo, quizá algo extraño, pero, cada que escucho el incierto pero intenso rugido del río de la vida en la profusa fugacidad de lo cotidiano, se me da por pensar algo muy curioso, mi estimado Miguel. Se me da por pensar que somos aquel rastro de vida que provocará una caricia incendiaria o que provocará las más disgregadas ilusiones dentro de las aguas incoloras de la eternidad. Se me da por pensar que la llamarada del alma bien podría incendiar el cielo o que se pueden levantar grandes palacios con la misma nostalgia de un silencio que cree en los milagros. Todas esas cosas pienso, mi buen amigo. Todas esas disoluciones de un último sueño. Pero también pienso, ¿sabes?, que sueles ocultarte muy en lo profundo. Que hay en ti lo que de esencia de sombras hay en un arcoíris.

Miguel Ángel: Y bueno, ¿qué sugieres entonces?

Voz que Autoentrevista: Una autoreferencialidad de tu propio ser, mi estimado Miguel. Ya sabes, una especie de “21 cosas sobre mí”, como hacen los youtubers y que pueda agradar al buen público lector.

MA: ¿Una autoentrevista?

VA: Correcto. De modo que, para entrar en materia, te hago una primera pregunta: ¿crees en fantasmas?

MA: A decir verdad no creo en nada mágico ni sobrenatural, y en cuanto a fantasmas, solo en los del pasado, es decir, aquellos que de cuando en cuando anegan el corazón.

VA: ¿Desde pequeño que crees que te caracteriza?

MA: Ser un comelibros. Creo que es un aspecto fundamental en mí. Mucho. Eso, y que desde pequeño siempre han dicho que soy bastante respetuoso.

VA: ¿Qué crees que sea la paz?

MA: El estado secreto y verdadero del infinito.

VA: Y ¿el cariño y el amor?

MA: Esencias dulces y sublimes que impregnan el corazón y hacen taxación de un espíritu supremo y su presencia diamantina.

VA: ¿Cuál es tu libro preferido?

MA: “Demasiados héroes” de Laura Restrepo.

VA: ¿En qué partido político confías?

MA: Pues, la verdad, opino que no deberían existir los partidos políticos, ni un sistema representativo, lo que hace ello es crear tensiones, grupos divididos que se van polarizando con el tiempo y que impiden una sociedad más armónica y cohesionada.

VA: ¿Qué propones entonces?

MA: Tengo una teoría a modo de propuesta pero es bastante extensa como para plasmarla en este espacio. Eso sí, alternativas hay. Alternativas democráticas, pero reestructurando lo que es en sí mismo la democracia.

VA: ¿Qué nos dice el firmamento?

MA: Que mientras más excelsa la inspiración más difuso el enamoramiento.

VA: ¿Qué música y qué cantantes escuchas?

MA: De todo un poco aunque con cierta preferencia por el rap. Escucho artistas como ZPU O Nach, que en panorama del rap hispano son muy conocidos, o como MC K-No, Laberinto ELC, Samurai, entre otros.

VA: ¿Algo absoluto?

MA: El tiempo que gira en torno a las flores.

VA: ¿Por qué?

MA: Porque en el tiempo que gira en torno a las flores una leve y sutil brizna que bien puede refugiarse en la eternidad de una caída de hojas, y una mariposa, por su parte, bien puede posarse sobre una  bella y mágica rosa y sentir sus latidos  en cada gota de agua que cae de sus pétalos.

VA: Si tuvieras que escoger entre la mujer que amas y el mundo, ¿a cuál de los dos salvarías?

MA: Qué pregunta más extraña.

VA: Es una autopregunta.

MA: Es cierto. Pero no deja de ser extraña. Pero bueno, obviamente salvaría al mundo. Hay millones de personas con sueños, deseos, ansias de amar y de recibir amor. Hay muchas personas que trabajan por un mundo mejor.

VA: ¿Cuál consideras que es tu más grande talento?

MA: Exponer ideas en público, de forma presencial, claro.

VA: ¿Cuántas novelas has publicado?

MA: A la fecha siete, si no estoy mal, y bueno, autopublicadas, y de esas mi preferida es “La impostergable infinitud de la mirada”, aunque sin publicar tengo muchas otras que considero mejores.

VA: Hay mucho de erotismo en tus obras, ¿qué opinas del morbo?

MA: A decir verdad, el erotismo es para mí es una excusa para invocar los más insospechados y a su vez los más intensos y pulsátiles secretos de la poesía. Más allá de ello estoy totalmente en contra del morbo. No me gusta contemplar el cuerpo como objeto, y mucho menos como objeto de consumo masivo en un mundo con desiguales relaciones de poder. El morbo alimenta el amarillismo, tergiversa las significaciones, y por esa vía impide que haya una correcta empatía entre las personas. De ahí que esté en contra del exhibicionismo gratuito, de palabras malsonantes, de hecho, en mis redes sociales siempre procuro no colocar imágenes que puedan herir sensibilidades, y todos mis amigos, estudiantes y personas que me conocen, siempre han visto en mí un buen ejemplo de respeto en ese sentido.

VA: Entonces ¿qué es el respeto?

MA: Es ese recipiente donde los actos de lo cotidiano mejor se amoldan a la vida.

VA: ¿Defectos?

MA: Muchos, aunque ninguno de gravedad. O eso creo. Mejor dicho, lo normal.

VA: ¿Cuál crees que sea una de esas cosas que le falta al mundo?

MA: Cordura. Y también amor. Aunque bueno, bien mirado, hay que carecer de cordura para no aprovechar la vida y amar al cien por cien.

VA: ¿Cuál es tu profesión?

MA: Sociólogo.

VA: Y para terminar esta extraña experiencia autorreferencial, ¿qué opinas de la misericordia hoy día?

MA: La misericordia anda descalza, pues, lamentablemente, hoy día ya no es, siquiera, un susurro inaudible que pueda llenar el universo, y en la pesadez infinita de sus párpados ha tenido que aprender a amar la soledad más dulce, la ternura más amarga y el sabor insípido de los días inconcretos. En estos tiempos ella ya no se arrebuja con tanta soltura en la calidez del corazón. Anda descalza y no tiene abrigo para cubrirse. Sin embargo, ¿sabes?, estoy seguro de que aún sigue dándose la mano con la esperanza.

 

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La efigie de las más sublimes entregas

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Bajo el azular del cielo aquella flor se despierta muy coqueta en la mañana. Si su presencia se llegase a incendiar desbordará con su fragancia el acto curioso y desconcertante de envolver la existencia con la mirada. Se trata, a todas estas, de una flor que se consume entre mil delirios distintos y entre las más turbulentas vicisitudes de la galaxia, una flor que posee un color sin precedentes en el mundo, sobre el agua lívida e intangible que llora el océano y bajo el más sublime de los contactos naturales. Una flor que posee el mismo andamiaje de todas las estrellas que han sido tejidas con esencias fundamentales o con suspiros. Una flor que conoce las gramáticas del beso y la calidez de los más apasionados sueños. Una flor que también sabe de tristezas. Una flor que, sin duda alguna, se sabe hermosa. Una flor que se puede llamar rosa, o azucena, o clavel, o hortensia, o jazmín, o camelia o de muchas otras formas. Lo que quiero decir es que hay una flor, en alguna parte, que cuando abre sus pétalos, se convierte al instante en la efigie de las más sublimes entregas. Una flor que bien puede expandir su fragancia a nuestro alrededor mientras retoña en alguna parte secreta de nuestro ser. Una de esas flores de colores vívidos y claros que nunca se guarda sus alegrías solo para sus adentros. Ahora bien, si ella me llegase a revelar las esenciales directrices de sus vistosos colores, entonces yo podré pintarla con los más perennes y sublimes materiales del universo. Podré pintarla a ella y a las suaves paredes de su alma, es decir, a esos bellos y coloridos pétalos que suelen despertar cada mañana.

 

 

 

 

 

Inoperáticas definiciones de mimosas texturas

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Poesía: Medida de todo arte y relieve de cualquier atardecer.

 

Cariño: Una razón para existir en las disparidades del sabor diario de unos labios o en una simple y sencilla palabra de afecto.

 

Perfume: Una flor que ha decidido vivir desintegrada.

 

Arte: Pronóstico de una mirada que desea surcar la tierra del placer o de la fantasía, o de un asombro alboradamente excelso.

 

Enamoramiento: Cuando somos el cuerpo exacto y preciso, que adquiere el corazón cuando sueña.

 

Bosque: La caligrafía de la vida natural.

Una de las más suaves caricias del cosmos

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Un ápice de sueños forma un inusual alijo de sortijas

que se hallan diseminadas por el mundo

dando lugar a lágrimas finísimas que fecundan el espíritu.

Ellas serán mi guía para desenvolverme

entre la banalización del caos, entre esta nueva época que empieza

y esta levísima y agridulce irrealidad que no deja de observarnos.

 

Ellas me darán el sabor del arco iris, las más bellas flores del cielo,

la desmesura almibarada de una burbuja de vida que nunca estalla,

una luna que destiñe pasiones de suave luminosidad

y un reluciente corazón de terciopelo.

Me darán todo ello y mucho más,

poco antes de que el sonido de mi voz más interior salga

desde las sinuosidades de mi silencio. Poco antes de que dicho sonido salga

para llenar los caudales del entorno,

para ser él mismo frente a un tiempo sin tiempo

y para trazar algunos cuantos bocetos de humanidad.

Aquellas lágrimas me darán todo ello

y mucho más poco antes de que dicho sonido salga

para ayudarme a atrapar en el aire los secretos más fugaces,

y para enseñarme a trazar los contornos más sorprendentes del cielo

en el clima efímero y atemporal de mis verdades.

 

Pero, eso sí, luego de que el sonido mencionado salga,

y cumpla con aquellos deberes que he descrito,

las respuestas se escaparán de mi piel.

Se escaparán en el crucial momento de los mil aprendizajes,

y una gota de indefinida vida tintineará en la celda cálida del corazón,

y una nueva caricia, única como ninguna otra,

posará al espíritu del cosmos

en un cuerpo suave y eternamente deseado.

Un cuerpo de infinita esencia y que habita serena y secretamente

en los más enervantes deseos del aire.

 

 

 

Reorientar el alma

Reorientar el alma a través de la palabra para llevarla mar adentro de la vida y río abajo de las sombras, es una de esas tantas cosas para las que sirvo con unos sueños cuyos ojos duermen y aun así contemplan el fulgor titilante de las estrellas. Eso es respeto, servir para ello mientras se rescatan los sueños y la esencia del alma propia. Eso es respeto, saber escuchar las resonancias de la vida, el denso discurrir de la inmensidad que se lleva dentro y las melodías que acompasan los latidos de la noche.

 

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